Tres formas en las que el coronavirus afecta a los niños y las niñas

Los niños, y especialmente las niñas, que han visto interrumpida su educación y están sometidos a las medidas de contención de virus, tienen mayor riesgo de sufrir problemas de salud mental, violencia física o sexual y abandono escolar, algo que tendrá consecuencias aún peores en los países más pobres.





Ya sabemos que el coronavirus está afectando sobre todo a las personas mayores y a quienes tienen algunas enfermedades previas. No obstante, aunque se han registrado relativamente pocos casos de niños y niñas contagiados por el virus, esta pandemia mundial está afectando a la infancia porque el entorno en el que crece y se desarrolla está sufriendo las consecuencias derivadas del COVID-19.





La expansión del coronavirus está impactando negativamente en las economías más avanzadas, pero podría tener consecuencias especialmente devastadoras en los países menos desarrollados, donde los sistemas de salud son más frágiles.  

Nos enfrentamos a la peor crisis sanitaria de esta generación. El nuevo virus, también conocido como COVID-19, ya se ha extendido a 186 países, supera los 417.000 contagiados y registra más de 18.700 muertes en todo el mundo. 

A medida que los gobiernos adoptan medidas urgentes para contener la propagación del virus, desde Plan Internacional hacemos un llamamiento a los y las líderes mundiales para que tengan en cuenta a los niños y niñas, así como a las comunidades más vulnerables, en su respuesta al coronavirus.

Los niños, y especialmente las niñas, que han visto interrumpida su educación y están sometidos a las medidas de contención de virus, tienen mayor riesgo de sufrir problemas de salud mental, violencia física o sexual y abandono escolar, algo que tendrá consecuencias aún peores en los países más pobres.
 
A continuación, te explicamos las tres formas en las que la pandemia del coronavirus puede afectar a los niños y las niñas y por qué las repercusiones serán peores para quienes viven en países en desarrollo:

1.    Interrupción de la educación de los niños y niñas





Más de 850 millones de niños, niñas y jóvenes –lo que representa, aproximadamente, la mitad de la población estudiantil del mundo – no está yendo a la escuela por las suspensiones de las clases adoptadas en más de un centenar de países para combatir el brote de coronavirus.

La educación es fundamental para avanzar hacia sociedades más justas y luchar contra la pobreza, especialmente en los países en desarrollo. Sin embargo, cuando se interrumpe la educación, los niños y niñas que dependen de programas escolares para obtener algunos servicios básicos, como los de alimentación y nutrición, están expuestos a una mayor vulnerabilidad porque, durante el tiempo que no vayan al colegio, no podrán recibir esos servicios tan necesarios para su desarrollo.

Los colegios también son espacios seguros en los que los niños y niñas suelen estar protegidos contra distintas formas de violencia como el abuso, la explotación o el trabajo infantil. En el caso de las niñas, el hecho de no asistir a la escuela aumenta el riesgo de ser expuestas a matrimonios infantiles y de sufrir violencia sexual.  

Además, cuando los niños y niñas no van a clase durante períodos de tiempo indefinidos y prolongados, es un desafío asegurar que continúen con sus estudios cuando se establezcan de nuevo las clases, lo que aumenta el riesgo de abandono escolar, sobre todo en el paso a la educación secundaria, especialmente para las niñas.

2.    Aumento del estrés en los hogares

La expansión del coronavirus está impactando negativamente en las economías más avanzadas, pero podría tener consecuencias especialmente devastadoras en los países menos desarrollados

El 10% de la población mundial vive con menos de 2 euros al día. Para muchas familias, los impactos de la pandemia del coronavirus pueden empeorar su situación de pobreza, ya sea porque algún familiar enferma o fallece, por el aumento de los costes de la atención médica, por tener que ocuparse de cuidar a algún familiar enfermo, o por la pérdida de uno o varios empleos dentro del núcleo familiar.

Cuando esto ocurre, los niños y las niñas pueden experimentar miedo y ansiedad por la situación, por el estrés de los padres o cuidadores, o por temor a que no puedan ser capaces de satisfacer sus necesidades básicas. Estos cambios suponen riesgos para su bienestar y desarrollo, especialmente en los niños y niñas más pequeños.

Por otro lado, las familias pueden verse obligadas a tomar decisiones difíciles sobre el futuro de sus hijos e hijas. En el caso de los chicos, el cierre del colegio, unido a las dificultades económicas o a la enfermedad del padre o la madre, puede llevarles a desempeñar trabajos particularmente peligrosos y de carácter explotador. En el caso de las niñas, la pobreza puede llevar a los padres a tomar la decisión de casarlas a una edad temprana para hacer frente a la crisis económica. 

3.    La infancia se vuelve más vulnerable

El coronavirus ha provocado el cierre de muchas escuelas y amenaza con empeorar la capacidad de protección de otras estructuras básicas para la infancia como la familia y los servicios de apoyo que los y las más pequeños necesitan para sentirse seguros.  

Para muchos niños y niñas, sus padres, madres o cuidadores/as son sus principales protectores en la vida. Sin embargo, cuando estas personas enferman o empeoran su salud por el coronavirus, los niños y niñas están mucho más expuestos a sufrir angustia, ansiedad o la explotación.  

Además, las investigaciones demuestran que, cuando la tensión en las familias se incrementa, también aumenta el riesgo de violencia familiar. El cierre o la falta de acceso a servicios básicos en el caso de los niños, niñas y familias más vulnerables puede suponer que dejen de recibir algunos recursos o tratamientos necesarios que recibían habitualmente. Por ejemplo, las revisiones médicas que se hacen periódicamente a algunos niños y niñas en situación de riesgo, pueden reducirse o cancelarse.









Trabajando para proteger los derechos de la infancia

Plan International está presente en más de 75 países y presta apoyo a miles de comunidades desfavorecidas a través de una red en la que trabajan alrededor de 10.000 personas. Como organización, nos comprometemos a garantizar que nuestros programas para promover los derechos de los niños y la igualdad de las niñas no se vean afectados por la situación generada por el coronavirus.  

Si interrumpimos nuestro trabajo, los más afectados serían los niños, y especialmente las niñas, y sus comunidades, por lo que continuamente estamos evaluando cómo podemos continuar desarrollando nuestros programas y apoyando a los y las más vulnerables.   

Trabajando para responder al coronavirus

Nuestra respuesta al COVID-19 se centrará en colaborar con las comunidades, los gobiernos nacionales y los socios para hacer frente a la propagación del coronavirus mediante la difusión de información y la promoción de prácticas de higiene adecuadas, incluida la construcción de instalaciones para lavarse las manos. 

Trabajaremos con el profesorado, los padres, madres y los proveedores de atención sanitaria para identificar estrategias que proporcionen apoyo psicosocial a los niños, niñas y sus familias. Además, intensificaremos las medidas preventivas y de respuesta en los campamentos de refugiados y desplazados en los que trabajamos actualmente.

BARCELONA SAFER CITIES

Jóvenes catalanas presentan en el Ayuntamiento de Barcelona sus recomendaciones para acabar con el acoso callejero

El informe Safer Cities for Girls, elaborado por Plan International, ha sido presentado el 23 de septiembre en el Ayuntamiento de Barcelona, con la presencia de algunas de las jóvenes participantes en el estudio.  Este trabajo forma parte del programa financiado por la Comisión Europea que, bajo el mismo nombre, busca transformar las ciudades en lugares más seguros e inclusivos, libres de violencia y miedo para las niñas y jóvenes. Actualmente, se implementa en otras dos ciudades españolas -Madrid y Sevilla- y en tres ciudades belgas.  El informe de Barcelona, que ha contado con las experiencias de 193 jóvenes de entre 15 y 25 años, revela que la gran mayoría ha sufrido acoso callejero (88%). Además, aseguran no haber recibido ningún tipo de ayuda de quienes estaban presentes cuando esto sucedía.   Las chicas reconocen que casi nunca (3%) denuncian el acoso ante las autoridades o fuerzas de seguridad y que, si hablan de ello, solo lo hacen con familiares o amistades (27%). La mayoría de las jóvenes señala que son acosadas por ser mujeres (66%) y por su edad (13%). Se trata, por tanto, de una discriminación por razón de género y edad que tiene un impacto real en la vida de las jóvenes.   Safer Cities for Girls: también en Alcobendas   El proyecto Safer Cities for Girls amplía su radio de actuación gracias a un acuerdo entre el Ayuntamiento de Alcobendas y Plan International. En virtud de esta alianza, las jóvenes de entre 14 y 25 años de la localidad podrán marcar en una web los lugares de la ciudad en los que se sienten seguras e inseguras y explicar por qué.  Safer Cities Alcobendas busca transformar el municipio madrileño en una ciudad en la que las más de 61.000 niñas, adolescentes y mujeres que viven en él se sientan libres y sin miedo.  Plan International lleva desde 2018 trabajando para para que las autoridades adopten medidas con el fin de generar ciudades inclusivas en las que las niñas y las jóvenes se sientan libres y seguras.  

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En busca de una vida diferente para las niñas rurales de Ecuador

La mayor aspiración para muchas niñas de zonas rurales en Ecuador es ser madre y tener hijos/as. Nataly, de 20 años, trabaja en las comunidades del cantón de Cayambe, en la provincial de Pichincha (Ecuador), para concienciar sobre los derechos de la infancia, la igualdad y la importancia de no dejar de estudiar. Estas visitas forman parte de un programa de Plan International y le han servido para cambiar su percepción de la región donde vive y conocer mejor su realidad. “Ser testigo de tanta desigualdad e injusticia ha desatado en mí el deseo de querer mejorar las cosas que nos afectan como sociedad”, afirma. Las formaciones recibidas por parte de Plan International han contribuido a que el mensaje de Nataly llegue cada vez a más gente. Antes del confinamiento, participó en varios talleres que le sirvieron para mejorar sus habilidades comunicativas y su conocimiento acerca de temas como la violencia de género, los estereotipos y los roles de género. “Me he dado cuenta de que, para poder influir en la gente, tengo que expresarme mejor. Ahora hablo con más gente, valoro conocer a otras personas y escuchar lo que piensan”, asegura la joven ecuatoriana. Redes sociales “para hacer el bien” Además, Nataly gestiona actualmente, junto a siete chicas, las páginas de Facebook e Instagram del “Movimiento Por Ser Niña”, un grupo de jóvenes creado por Plan International para que niñas, niños y jóvenes de Ecuador aprendan sobre la igualdad de género. Nataly cree que las redes sociales son un mecanismo de control que marca nuestras vidas, pero, en lugar de centrarse en sus aspectos negativos, dice que pueden usarse como “una herramienta para hacer el bien”. Tras desarrollar grandes habilidades de liderazgo, Nataly afirma que “un o una buena líder debe tener la capacidad de cambiar el mundo, no a través de la imposición, sino de la argumentación”.

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